Rivera de Memoria: Olyntho María Simões: más riverense que el Cerro del Marco

Durante este Ciclo Conmemorativo Olyntho María Simões hemos estado compartiendo sobre su poesía, su vida e importancia para la cultura riverense.

Su obra poética lugareña la vemos reflejada con mucha intensidad en la primera poesía de La Sombra de los Plátanos, primer libro publicado en 1950, donde podemos apreciar la autodefinición del poeta.

En esta oportunidad queremos presentarles el trabajo realizado por alumnos de la Escuela N.º 147 Olyntho María Simões de nuestra ciudad.

 

La Escuela N.º 147, ubicada en calle Artigas N.º 926 de nuestra ciudad, lleva el nombre del poeta desde el año 1999, según proyecto de ley del 6 de abril del mismo año y desde el año 2017 integra la Red de Escuelas y Jardines Inclusivos Mandela.

 

 

Más allá la afirmación de su identidad, es posible ver el modo en que se hacen visibles los distintos personajes enmarcados en un paisaje urbano pero a la vez agreste. Los lugares emblemáticos de rivera quedan materializados por la palabra escrita, así como también rituales y tradiciones que vistos desde nuestro hoy, nos recuerdan un Rivera lleno de historias, desconocidas para las generaciones más jóvenes.

Ferreira Ávila en Hojas Sueltas, que recoge una selección de poemas de Olyntho, en una edición póstuma, expresa:

“Todos estos cuadros de excelentes trazos y firmes coloridos, de personajes populares, de sugestivos rincones solariegos, y de todas las supersticiones van prendidas en el alma del pueblo naciente que, remontando la historia, dan sus caracteres y sus inquietudes y son la expresión de una forma de vida que si bien puede ser intrascendente, es su mundo propio y rico en motivos poéticos solo captables por quienes tienen su misma formación. Allí donde está el hombre está necesariamente la poesía que fluye siempre de su espíritu en una forma u otra.”

RIVERENSE

(La Sombra de los Plátanos 1950)

¡Yo soy más, mucho más de Rivera
que el Cerro del Marco!…
Soy amigo del Puente de Raca
y lo mismo del Paso de Castro.
Me doy bien con la «Piedra Furada»,
con la calle Brasil tengo tratos
y citas nocturnas;
me saludo con todos los plátanos
y me dicen adiós los gorriones
que pueblan sus gajos.

En los viejos fortines en ruinas,
en mis tiempos de alegre muchacho,
hice más de un tirito a la taba
y jugué mis partidos al sapo…
Conocí a Juan Barullo de cerca;
intimé con Ciríaco,
y la negra María das Dores
enseñóme a «benzer» el «quebranto»
y a cortar con el filo del hacha
los vientos más bravos…
Yo sé cantar «terços»
y lo mismo pasar contrabando.

Llevé cuando niño,
escondida en el forro del saco,
«la oración de la puerta del cielo»,
que preserva de pestes y daños.

Yo soy tan, pero tan de este pueblo
que en los viernes santos,
bien remonto cometa, o por yuyos
a las chacras me marcho temprano.

¡Si seré de Rivera, que el cura
que me hizo cristiano,
empleó para ello del agua,
según me contaron,
de la «bica» que entonces había
justamente en el Cerro del Marco!

 

Olyntho María Simoes
Poeta Riverense